29 de noviembre de 2015

Fenomenología del llanto

por Bernardo García
intervención en el Conversatorio "En carne viva. Marcas, fronteras, negaciones y placeres corporales", en el PsicoPopFest! primer encontronazo intergaláctico de psicología pop, noviembre de 2014.


La perspectiva desde la que yo he estudiado el cuerpo es la fenomenológica. Expongo de manera rápida en qué consiste la fenomenología, y luego les comparto cómo, desde ese tipo de filosofía, se investiga el cuerpo.
La fenomenología es un modo de hacer filosofía que surge a finales del siglo XIX y principios del XX. Nace como reacción a un gesto histórico que ha dominado prácticamente la totalidad de la llamada filosofía occidental –por lo menos desde Grecia hasta el positivismo–: el gesto de desprenderse o separarse del mundo para explicar los acontecimientos de la vida desde edificios racionales, y no desde la vida misma.  
Lo digo de otro modo: en el afán de entender cualquier aspecto del mundo, lo primero que hace cualquier filosofía es preguntar. [La filosofía real –la práctica filosófica– se pone en marcha con preguntas –preguntas que no sólo brotan del ocio y el asombro, sino también de la inquietud, del malestar, de la indignación–.] De manera que a lo largo de la historia de la filosofía, lo que tenemos es no solamente un compendio de preguntas –básicamente las mismas, aunque algunas más preferidas que otras según la época–, sino también las respuestas que se han dado a esas preguntas. El problema al que apunta la fenomenología no es tanto por el tipo de preguntas que se hacen o de respuestas que se dan, sino al territorio de búsqueda de esas respuestas. El territorio de la fenomenología es el del mundo de la vida. En la fenomenología, antes de considerar lo que se ha dicho respecto de cualquier cosa, se examina con mucho detenimiento el modo en que esa cosa aparece en la vida de los seres humanos. Fenómeno significa justamente “lo que aparece”. En ese sentido se entiende el gran lema de la fenomenología: “hay que volver a las cosas mismas”.
Así pues, la fenomenología no es tanto una disciplina dentro de la filosofía (y ni siquiera solamente un método), sino más precisamente una actitud o una postura. La actitud fenomenológica consistiría en recuperar la riqueza de los fenómenos tal cual nos aparecen en la vida. De ahí que Miguel García-Baró la definiera como “un ejercicio de amor a la realidad”.
Eso implica, en términos prácticos, que si queremos hacer fenomenología del cuerpo, no volteamos hacia ningún lugar que no sea el cuerpo mismo, tal cual lo vivimos de manera inmediata. El primer gran gesto fenomenológico no es la explicación de algo, sino la descripción minuciosa de eso que se quiere investigar. En palabras de Nabokov, se “acarician los detalles”.
Es por eso que en las fenomenologías bien hechas del cuerpo humano lo que tenemos es un resurgir del cuerpo mismo. Por poner un ejemplo, José Gaos, en su libro “La mano y el tiempo”, hace una recuperación de un gesto aparentemente insignificante: la caricia. Gaos se demora alrededor de 100 páginas en solamente describir –en detalle preciso– qué es acariciar. La agudeza de su mirada –de su mirada a la caricia– hace que de esa descripción broten los problemas más hondos de la filosofía: el tiempo, por ejemplo. Describe la suavidad, la temperatura, la presión, la fuerza, el ritmo de la caricia, su necesaria demora (no se puede acariciar a prisa). María Zambrano tiene consideraciones fenomenológicas de la mirada. Heidegger describe en más de 200 páginas el aburrimiento. Aurel Kolnai hace fenomenologías de los sentimientos hostiles: el asco, la soberbia, el odio. La aparente modestia de los fenómenos analizados se ve compensada –gracias al rigor de la observación– por la apertura de difíciles controversias filosóficas que de pronto aparecen en el marco de la vida y del cuerpo. 
La fenomenología en la que yo llevo trabajando ya cerca de siete años es sobre el llanto. Quisiera leerles un par de fragmentos que muestran la perspectiva que se adopta desde un estudio de estas características.

I
No parece necesario justificar que la mayoría de las personas asociarían de inmediato el llanto con el brotar de las lágrimas. Sin embargo es notable que al considerar el fenómeno de manera más detenida, demorándonos en la vivencia corporal entera, las lágrimas juegan un papel menor en comparación con otro tipo de elementos que constituyen el acontecimiento completo de llorar. En muchos llantos el cuerpo entero soporta una serie de sacudidas que tienen mucha mayor presencia atencional que el acudir de las lágrimas a los ojos. Pero incluso en los llantos tranquilos –en los que no hay agitaciones fuertes ni espasmos– podemos observar cómo el brotar de las lágrimas no es sino la culminación de un proceso que empieza en el estómago, en el pecho o en la garganta, y que las sensaciones presentes en el tórax y en el aparato respiratorio en general se destacan más, a nivel de sensación interna, que la presencia de las lágrimas en los ojos.
Cualquiera que recuerde vívidamente una experiencia de querer contener un llanto que se viene de manera irremediable sabrá que particularmente la garganta es un lugar privilegiado en el proceso. Sea cual sea el motivo que nos impide en algunos casos soltarnos libremente a la inercia a que nos urge el cuerpo –acaso la vergüenza que nos lleva a querer detener, o cuando menos ocultar que dentro de nosotros ya se ha desatado un dinamismo muy notorio–, por lo general el primer esfuerzo por interrumpir el llanto no tiene que ver con los ojos y con las lágrimas, sino con la respiración. Es común que ante ese tipo de situaciones digamos que se nos hace un nudo en la garganta. El que quiere cortar el llanto entra en primer lugar en disputa con su respiración: en algunas ocasiones trata de respirar de manera más profunda y pronunciada como para domar una agitación interior que no reconoce como normal; pero en otras más bien acelera el tiempo entre inhalaciones y exhalaciones para ver si logra restituir el equilibrio en que estaba. Si pasa saliva, el gesto no fluye de manera tan fácil. Si intenta hablar, su voz tiembla o está entrecortada. Comúnmente también trata de impedir cualquier tipo de contacto con otra persona, a sabiendas de que un abrazo, una palmada o hasta una mirada de reconocimiento –un mero contacto visual, como es frecuente decir con tino– desencadenarán lo que se quiere aprisionar. Y sólo un último recurso en el afán de ocultar el llanto suele ser el de mantener los ojos muy abiertos, sin parpadear. Pero en cualquiera de los casos es fácil advertir que el llanto ya está en movimiento antes de que las lágrimas surjan.

II
En la vivencia de todo llanto afectivo se tiene una sensación interna de erupción, de emergencia. Suele decirse en el lenguaje cotidiano que alguien rompe o estalla en llanto. Yo por lo pronto no utilizo las palabras romper, estallar, explotar o similares porque, aun cuando todo llanto implica cierta ruptura –el traspaso de un límite, como veremos–, dichas palabras nos remitirían de entrada sólo a algunos tipos de llanto de carácter más violento u ostentoso. Considero en cambio que términos como erupción o emergencia pueden contener también a los llantos que tipificamos como tranquilos; aún en la contemplación sobrecogedora que deviene en llanto lento –por ejemplo ante la conmoción sentida ante una obra de arte– hay una erupción, un brotar de algo que si bien no siempre es comparable a un estallido, sí se experimenta como la emergencia de algún dinamismo interior que tiende a la salida.
No se trata, pues, en cualquiera de los llantos, de una mera explosión en el sentido de liberar sin más las lágrimas hacia fuera. De la misma manera que en geología se dice que la erupción de algo –por ejemplo de un volcán, o de una solfatara– no es sólo el estallido que arroja el material por alguna grieta o abertura de la tierra, sino el proceso entero de presión, condensación y elevación que culmina con la emisión de algún elemento hacia el exterior, así también hay en el llanto momentos previos y llenos de matices a la versión de las lágrimas. Y más aún: la liberación que se experimenta en el llanto, como todos podemos advertir en las vivencias que hemos tenido, no es sólo una liberación de lágrimas.
Centremos en principio la atención de nuestro estudio en la vivencia de ese momento eruptivo y penetremos en él para distinguir los diferentes elementos y fases que lo componen; para acceder a la manera en que se estructuran sus notas y, en fin, para reconocer en qué consiste esa profusión interna presente en todo llanto. Atendemos entonces, en las siguientes líneas, a la índole propia del llanto como erupción. Veremos que por lo menos son tres los rasgos que la conforman y que son fácilmente constatables en la vivencia… Elevación, reconocimiento de un límite, desbordamiento.

Delimitación: hay fenómenos que tienen una estructura muy similar –el golpe de ira, la carcajada, la sudoración, el vómito– ¿qué distingue al llanto?
Cómo se articulan esos datos con las lágrimas, la tensión y presión del rostro, el colapso en la respiración, las palpitaciones. Y después cómo se articulan esos datos corporales con la situación que los produjo: la tristeza, el dolor, la alegría, el arrepentimiento, etc.
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Bernardo García es filósofo, profesor de análisis cinematográfico en ITESO. Actualmente trabaja su tesis doctoral sobre fenomenología del llanto.

15 de noviembre de 2015

La Música Pop como Guerrilla Cultural 1:Punk

Cinco estrategias para salir del rock

por Horacio Espinosa Zepeda
noviembre 2014.




Hola, que tal, agradezco su presencia en esta que será una conversación sui generis, ya que más que una ponencia será una degustación de lo que yo considero algunos de los mejores ejemplos de la música pop underground en la última parte del siglo XX, espero que los aquí reunidos tengan el gusto por la música y por el ruido.... o si no al menos disposición a zambullirse en él.

Antes de entrar en materia me gustaría despejar el camino respecto a posibles distorsiones sobre lo que significa “lo pop”: imbuidos por la concepción de música pop difundida desde la MTV, se cree que se trata de un género en particular, identificable a primera oída. Lo pop es una abreviación de “popular” que sirve para diferenciar la música hecha “por cualquiera” frente a la música culta, realizada por músicos académicos que generalmente se conoce, de forma equivocada, como “música clásica”. Está claro que tanto “pop” como “música culta” son categorías de fácil deconstrucción pero nos sirven para más o menos orientarnos.

En la tradición inglesa, el pop, o de forma más general “la cultura pop” es todo lo que sea popular, es decir, propio del pueblo, mientras que en la tradición “gringa” pop es un género particular de música interpretada por personajes como Madonna o Miley Cyrus. Por ejemplo, en el célebre documental “All my loving” (1968) del director británico Tony Palmer, se habla del impacto de la música pop en la cultura contemporánea mientras se toma como ejemplo artistas como Pink Floyd, Cream, Jimi Hendrix o Frank Zappa. Músicos que de este lado del Atlántico nadie llamaría “pop”. Aquí tomaremos la más incluyente definición inglesa del pop, frente a la visión distorsionada de la generación MTV. Otra aclaración es que,  este es un mero acercamiento de lo que significa el cruce entre pop y cambio cultural; por lo que, forzosamente, al menos para mi, me llevó a adoptar un sesgo etnocéntrico, en mi selección, ya que prácticamente en su totalidad hablo de artistas europeos y algún puñado de norteamericanos, y de hecho, en su gran mayoría se trata de artistas ingleses.

Una primera afirmación polémica: La cultura pop global la han inventado los británicos, incluso cuando algunos estilos musicales han sido originados en Estados Unidos, la gran parte de los movimientos, en cuanto a generación de “una escena” terminaron cristalizando en los barrios obreros del Reino Unido. Es este país, sin duda, el “más pop” del planeta. Esto también puede ser deconstruído y “dado en la madre”, estoy consciente. También pude haber hecho una lista más incluyente y hablar del punk español o mexicano, o del metal en Yakarta o en Brasil, pero no, me centro, de forma totalmente tendenciosa, en lo que considero las bases del underground europeo en general, por una razón más que nada didáctica.

Hay que reconocer que desde hace mucho el rock dejó de ser un “estilo de vida” para transformarse, paulatinamente, en un espectáculo efectista y con fans tremendamente pasivos. Esto no es nada nuevo, de hecho fueron los setenta la llamada época del “Super Rock”. Y contra esta cultura “rock” estandarizada se rebelaría el punk rock: aquella reacción en cadena contra la espectacularización de “las leyendas del rock”, tipo Led Zeppelin, Rolling Stones o Queen. Así como en contra de un género especialmente odiado por la clase proletaria inglesa de los setenta, el llamado “rock progresivo”.

El problema tanto con “las leyendas del rock” como con el rock progresivo era que ambos fomentaban ciertas ideas nefastas para la cultura pop: la pasividad del espectador frente al despliegue económico-pirotécnico del rock de estadio, la exaltación de una ideología meritocrática en el rock donde se exige la admiración por “los héroes de la guitarra” y por ende, la radical separación entre artista y espectador donde el primero es visto como una especie de semi dios inalcanzable, reproduciendo en la cultura pop el culto al yo de la sociedad capitalista.

Estos cinco casos históricos que quiero presentarles, son maneras únicas y probablemente irrepetibles de ir a contracorriente del sistema del rock-espectáculo. Estas escenas, con o sin consciencia de ello, generaron un discurso de crítica política y cultural dentro de la música pop. 


1. PUNK ROCK

La madre de todas las disidencias en el pop se llama punk rock. Movimiento que surge a finales de los años setenta y que se extiende con fuerza por todo el mundo a lo largo de los años ochenta y hasta mediados de los 90 que más o menos empieza a extinguirse. Aunque el slogan del punk por excelencia es “Punks not dead”, en mi opinión el punk como tal quedó asimilado a un cierto estilo musical y no al movimiento cultural complejo que fue en sus inicios.



En el contexto político-económico, el mundo se encuentra en una tensión permanente por la llamada guerra fría, Inglaterra en particular está en una fase de tremenda crisis económica, descenso del bienestar y en general, pobreza, que sin embargo es paliada por un Estado Social que es uno de los más fuertes de Europa. El auge del punk y prácticamente de todos los movimientos que veremos coinciden con el gobierno de Margaret Thatcher, la llamada “Dama de Hierro”, que se encargaría de desmantelar uno a uno todos los pilares del Estado Social Inglés e imponer el neoliberalismo.



En lo que se refiere a su ascendencia musical, el punk era una más o menos clara continuación del llamado pub rock que había surgido en contraposición a la escena musical de los 70’s dominada por grupos grandilocuentes que daban pomposos conciertos en grandes foros como Yes, Genesis o Jethro Tull.  El pub rock debe su nombre, obviamente a los pubs, es decir, los típicos bares de la clase obrera inglesa donde, para darle variedad a una oferta musical principalmente dominada por las rockolas, se empezaron a invitar a bandas locales de amateurs que, sin la intención de crear un género músical en particular, tenían en común el volver a las “raíces” del rock y el blues de “los negros”. Rock “original” con acordes a la chuck berry pero tocado por blancos borrachos. Mientras los conciertos de stadium rock se habían vueltos rituales de adoración del ídolo, en la poca distancia que separaba al artista del público en un pub todo era sudor, cerveza fría, baile y un sano espíritu proletario.



Una segunda influencia del punk vendría del único artista de los setenta más o menos mediático que fue respetado y no dilapidado por el movimiento: David Bowie. En él, los jóvenes que después se rendirían al punk reconocieron riesgo, ambivalencia sexual (crucial para la estética punk), futurismo y cabellos de colores. Sin embargo, aunque a posteriori uno pueda señalar más o menos con claridad las influencias del punk,  en el momento de la explosión punk la actitud punk favorita era la negación de la historia.



El punk se caracterizó por una radical autoconsciencia de su papel fundacional, su lugar en la historia como grado cero de la cultura pop. A fuerza de pretender, los punks lograron convertirse en un romper con todo y volver a comenzar. Esto escondía una brutal contradicción ya que sus cualidades técnicas eran limitadas (los clásicos tres acordes del punk con los que podías formar tu banda) por lo que en el fondo solo tocaban rock and roll acelerado y sin embargo querían ser un punto y aparte en la historia.


Esta contradicción terminó jugando a favor ya que hicieron de la economía de recursos una virtud y esa sencillez y crudeza generó algo radicalmente nuevo, que cuando se escuchó por primera vez motivó las mismas metáforas que el arte futurista italiano de principios de siglo XX: velocidad, furia, miedo, aviones ultrasónicos y la bomba atómica a la vuelta de la década.

A nivel de práctica cultural el punk se puede definir por un férreo espíritu independiente materializado en la frase “hazlo por ti mismo”, artificialidad, rebeldía, actitud directa y una capacidad táctica de utilizar lo que está a la mano para ser incorporado en el discurso. Es decir, una especie de canibalismo simbólico y material donde cabía el situacionismo, los sintetizadores, la estética militarista, proclamas comunistas o la androginia sexual. Todo lo que funcionara como provocación para la sociedad inglesa del momento.




CONTINUARÁ...
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Horacio Espinosa es Doctor en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente me encuentro haciendo una estancia en la Universidad de Barcelona donde forma parte del Grupo de Investigación en Antropología del Conflicto Urbano (GRACU, por sus siglas en catalán). Ha trabajado la temática de la identidad en diversos grupos juveniles como consumidores de drogas (2006), miembros de subculturas musicales (2009, 2010 y 2014), chicas con sexualidades disidentes (2009) y usuarios de TICs con ideas distópicas (2007).

13 de noviembre de 2015

Sexo, poder e identidad

por Leer es Sexy

Los discursos más vanguardistas en boca de las estrellas más pop.

"Teoría King Kong" de Virgine Despentes, por Britney Spears


 "Sexo, poder y gobierno de la identidad" de Michel Foucault, por David Beckham



 "Manifiesto SCUM" de Valerie Solanas, por Angelina Jolie



"Primeros materiales para una teoría de la Jovencita" de Tiqqun, por Paris Hilton

5 de noviembre de 2015

Los jotos

Visiones antagónicas de la homosexualidad en el México moderno.

por Rob Buffington.
Extraído de Balderson, Daniel y Guy, Donna. Sexo y sexualidades en América Latina. México: Paidós. Págs. 185-204.


Para los criminólogos mexicanos de finales del siglo XIX y principios del XX, los desvíos de cualquier tipo eran antisociales, antinaturales y se vinculaban con la delincuencia. Los delincuentes constituían una clase identificable, entre cuyos rasgos distintivos figuraban las tendencias homosexuales atávicas. De modo que para la investigación criminológica las desviaciones sexuales eran índice de carácter delictuoso, que a su vez ponía en peligro el desarrollo nacional, político, económico y social. La homosexualidad, sobre todo, socavaba la existencia misma de la nación, fomentando uniones sexuales estériles en una era obsesionada por la reproducción nacional y la "supervivencia" internacional. En ambos casos, se imponía estudiar el problema con urgencia...

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