20 de mayo de 2015

Lo común de la ciudad: cuatro posibles desafíos a los imaginarios urbanos de Guadalajara

por Christian O. Grimaldo
Intervención en el conversatorio “La ciudad de los comunes” en el PsicoPopFest! primer encontronazo intergaláctico de psicología pop.
Noviembre de 2014. 



¿Cómo hacer comunes los bienes, espacios y servicios (y cualquier otra cosa que haya que hacer común) en la ciudad?

Una de las preguntas más difíciles para un profesionista de las ciencias sociales es el “¿cómo?”. Soy de los que piensan que no hay nadie que esté capacitado para responder a esa pregunta con una respuesta única o correcta, por mayor que sea su experiencia. Lo que sí podemos hacer, es poner ideas a debate a partir de nuestras apreciaciones de lo que ocurre con determinados fenómenos humanos. Así, quienes nos escuchan, nos leen o nos juzgan pueden tomar decisiones operativas que hayan reconocido varias posibilidades. En otras palabras, somos los que sirven el buffet para los comensales del debate.
Ahora bien, esto se vuelve complejo cuando los que servimos el buffet somos al mismo tiempo comensales. O sea que mientras servimos la comida, vamos pellizcándola. Esa es mi situación respecto a lo que me han pedido venir a conversar hoy. En los últimos tres o cuatro años he estado estudiando la ciudad, pero también la he vivido en los 26 años que tengo de vida. Tengo mucho más experiencia como urbanita que como académico. Me recibí como licenciado el día que mi mamá me soltó la mano para cruzar las calles; como maestro el día que tomé un camión yo solo; y como doctor el día que me perdí en una colonia en la que nunca había estado antes y al final encontré la salida.
Debo decir que me invitaron también, al parecer, porque estudié el tema de los imaginarios urbanos. Los imaginarios urbanos son formas mentales relativamente inamovibles que filtran la realidad que vivimos. Son una inclinación a la acción que media nuestras predilecciones, un tipo de filtros simbólicos por los que cruzan nuestras miradas de la sociedad. Son una explicación del por qué algunos lugares son vividos de formas estereotipadas. Estas formaciones tienen dos componentes, uno experiencial (que les permite renovarse) y uno institucional (que les permite perpetuarse).[1]
Los imaginarios urbanos operan sobre las ideas de lo mío-lo tuyo; nosotros-Los otros, lo  seguro y lo inseguro, lo bueno y lo malo, lo deseable y lo indeseable. Y están vinculados con lo que los geógrafos humanos han llamado topofilias y topofobias.  Aquí vale la pena recordar una cita de Armando Silva, un teórico de estos temas que sostiene que: “ver está reglamentado socialmente; no vemos con los ojos propiamente, sino que los imaginarios nutren nuestras visiones”.[2]


Cuatro imaginarios de lo común en la Zona Metropolitana de Guadalajara
Antes de preguntarnos el cómo hacer comunes los elementos de la ciudad, deberíamos preguntarnos primero el qué ¿Qué es lo que tenemos que hacer común en la ciudad? y ¿por qué deben ser esos y no otros elementos? Ya desde aquí, nuestra respuesta está mediada por los imaginarios urbanos. A mí, por ejemplo, me vienen a la mente cuestiones de espacios públicos, mobiliario urbano, transporte… pero sin duda lo que las personas estén interesadas en hacer común será distinto en función de sus respectivos imaginarios, así como de sus condiciones y necesidades vitales. Creo que la pregunta que nos motiva aquí tiene un grave problema en ese sentido, pues no somos totalmente comunes… es decir, generalizables. Es más, hay personas que no quieren que la ciudad nos sea común a todos.
Incluso podemos hablar de la existencia de varias Guadalajaras. En la ciudad hay una serie de fronteras imaginarias que operan según las experiencias y las instituciones que son más comunes para quienes las habitan. Renée de la Torre habla de eso en un artículo que se títula “Guadalajara vista desde la Calzada”.[3] Pero también hay imaginarios que nos envuelven a todos sin importar esas fronteras, está por ejemplo el imaginario del habitante de Guadalajara como aquel individuo bendecido por la santísima trinidad tapatía: el charro, el tequila y el mariachi… quizá le podamos agregar a las chivas. Pero eso es relativo al cómo se nos ve desde fuera y lo que importa es que desde dentro, desde la ciudad, nos vemos fragmentados.
Me gustaría hablar de cuatro casos en los que se nota la influencia que tienen los imaginarios urbanos en la apropiación de lo común. Los invito a escucharlos como ejemplos de retos o puestas en evidencia de la fragmentación imaginaria de la ciudad. El primero es el caso de los indígenas en el parque Rubén Darío.[4] Del cual me permito transcribir fragmentos extensos de una nota aparecida en la Gaceta Universitaria de la Universidad de Guadalajara:
Para los colonos de Providencia, cualquier persona cuya imagen salga de sus parámetros de confiabilidad: “güerito, alto, con aspecto anglosajón y ropa de marca”, puede ser considerada delincuente o sospechosa de serlo.
Lo anterior explica las manifestaciones de discriminación ocurridas en esa colonia contra indígenas hidalguenses [nahúas], quienes incluso son trabajadores domésticos en algunas casas de esta zona y cuyo único delito fue buscar un rato de esparcimiento y convivencia en un parque público.
Según un estudio realizado por el maestro David Coronado, investigador del Departamento de Sociología, del CUCSH, los vecinos de Providencia desconfían de individuos con una imagen distinta a la suya, la cual, sin embargo, corresponde al aspecto de la mayoría de los mexicanos.
(…) Tan es así, asevera el investigador, que la junta de colonos, conformada por la mayoría de sus habitantes, compró cinco patrullas con la condición de que la Secretaría de Seguridad
Pública y la de Vialidad destinaran elementos para cuidar el orden.
(…)En octubre pasado, la policía detuvo a 32 mujeres y hombres trabajadores domésticos de origen nahua que estaban en el parque Rubén Darío, en Providencia, por denuncias de consumo de bebidas embriagantes, riñas y faltas a la moral, levantadas por varios vecinos de esa colonia, y que hasta ahora no han sido comprobadas

El segundo es el caso de la vía RecreActiva. Una iniciativa que fue pensada por sus creadores (el colectivo Guadalajara 2020) como un puente que uniera las “dos” Guadalajaras. Esta forma de transitar la ciudad ha implicado dos principales desafíos al imaginario: la idea de que la calle le pertenece al automóvil; y la idea de que el poniente de Guadalajara es exclusivo para los residentes de aquella zona. No obstante, si uno se dedica a apreciar el patrón de los flujos de usuarios, se percatará que los cuerpos más estéticos (en términos de parámetros occidentales), las bicicletas más pulidas y hasta las razas de los perros, tienen un patrón distinto cuando se cruza la avenida Federalismo. Las personas del oriente han descubierto como auténticas y propias zonas de la ciudad que le aparecían veladas; pero las personas del poniente no tienen ningún interés en hacerlo a la inversa. Aquí sería interesante buscar lecturas a partir de la topofobia de la zona de San Juan de Dios para atrás.
El tercer ejemplo es la iniciativa ciudadana “Camina tu barrio”, que invita a los vecinos de Guadalajara a identificar las fortalezas y debilidades de su entorno habitacional. Son paseos guiados donde se identifican detalles de los entornos habitacionales y se transmiten datos históricos que fomentan la identidad barrial de los habitantes.
Por contraparte, esta estrategia  que es muy interesante, hasta donde sé, sólo se ha enfocado a barrios tradicionales, dejando de lado todas aquellas estructuras habitacionales contemporáneas. En mi opinión, porque se piensa (por parte de los mismos habitantes) que carecen de valor histórico-arquitectónico. Aquí, al parecer, opera un imaginario de lo patrimonial como sinónimo de lo antiguo o lo tradicional que busca la puesta en mampara de la ciudad antigua. Caminar los barrios periféricos (que también son ciudad) ofrecería perspectivas muy distintas, para empezar, porque son casi imposibles de caminarse, lo que probablemente implicaría otro tipo de forma de apropiación y comunidad. En fin, quizás se les evita porque se imagina que los paseos ahí terminarían siendo un tour del horror.
El último caso es el imaginario de miedo asignado al transporte público por ser considerado algo miserable y peligroso. Este imaginario termina condenando a los usuarios del transporte al escalafón más bajo de la sociedad. Son pocos y contados los que desean andar en camión. Es una forma de transporte que se visualiza como un escenario en el que interactúan los robos, los acosos, los accidentes, los asesinatos…  las repercusiones de esto se notan en el incremento de parque vial, el aumento de los embotellamientos, los choques y la contaminación. Algo que sin duda si no es común a todos.
Me gustaría invitarlos a reflexionar acerca de estos vehículos como algo que también debe sernos común. Esos cuerpos metálicos en los que muchos pasamos parte sustancial de nuestro tiempo son también una forma importante de experimentar la ciudad e interactuar con los otros…de maneras inimaginables.
En cuestión de imaginarios, el autobús es una especie de proyecto Ludovico (como aquel al que Alex es sometido en la trama de la Naranja Mecánica), al que nos sometemos día tras día. En el transporte vemos rostros, fachadas y situaciones que nos incitan a imaginar lo que hay más allá de esa ruta como algo generalizable. Los imaginarios urbanos nos ayudan a llenar de significados esas partes de la ciudad que están más allá de la ruta del camión; o en algunos casos simplemente a borrarlas.
La sola idea de experimentar esos lugares que sólo vemos de pasada, o interactuar con esas personas que vemos subir y bajar genera ansiedad en la mayoría de los transeúntes. Quien se haya tenido que bajar del camión en un lugar que siempre vive sólo de pasada sabrá de lo que estoy hablando. Yo imagino que así se sintieron los conquistadores cuando vieron por primera vez América… nosotros, como Colón también descubrimos (o nos encontramos) con un Nuevo Mundo cada que caemos en lugares así.
Dichos los cuatro ejemplos arribo a lo que puede ser una reflexión conclusiva. Si  vivimos la ciudad con objetivos previstos, con los imaginarios institucionalizados de forma incuestionable, será imposible apropiarse cualquier cosa en la ciudad.
La modernidad trajo consigo el desdibujamiento de los lugares comunes y tradicionales, un poco de eso es lo que hay en mi tesis de maestría en el caso los imaginarios urbanos acerca de la barranca de Huentitán. Como dice Martín Mora, “la celeridad de las grandes urbes ha generado un estilo de vida nervioso y apresurado que sólo se fija en las rutas de ida y venida, en las maneras más sencillas de moverse de un lugar a otro”.[5] Se ha creado una increíble paradoja en la que vivimos la ciudad a las carreras para luego llegar a casa a ver series o revisar el facebook a la misma velocidad. Además, cuando vamos a visitar esos lugares comunes es con el celular a la vanguardia. No digo que esto sea bueno o malo, sino que vale la pena pensarlo.
Es imprescindible que enfrentemos el componente experiencial de los imaginarios al componente institucional. Que ignoremos lo que se nos ha dicho siempre y le demos el beneficio de la duda a las distintas interacciones y apropiaciones de la ciudad. De lo contrario, no podremos hacernos comunes ni siquiera los nombres de las calles; porque quienes pasan en sus autos por la calle Juárez, no son los mismos que se sientan en la calle  Juárez. Hay que retar a los imaginarios mediante la práctica. El imaginario urbano proveniente de “las oídas” promueve la prevalencia de lo privado sobre lo común. Para hacer una ciudad común se necesita ser performativo. Hay que vivir la ciudad inventando nuevas coreografías urbanas que reten y cuestionen a las normalizadas. Hay que aprender a andar como andan los perros callejeros: con seguridad…aunque no se tenga certeza del destino.


Una pregunta final

Valdría la pena hacernos la pregunta de cómo hacernos comunes los bienes al revés ¿Qué pasa cuando no queremos ser comunes a lo que se presenta en la ciudad, cuando se nos obliga a ser parte de escenarios urbanos que no nos agradan? Por ejemplo, el sonido de la música de El Komander que escuchan los vecinos a todo volumen en el estéreo de sus autos; las rockolas que suenan durante las madrugadas en las fiestas que se acaban cuando amanece, los escapes tuneados de las golf, las campanadas y los cohetes de las fiestas religiosas. En la barranca de Huentitán me encontraba con chavos que llevaban bocinas portátiles con música reggaeton a todo volumen obligando a todos los que bajábamos a escuchar a Daddy Yanky, al tiempo que nos privaban a todos del paisaje sonoro de la naturaleza.
Muchos tampoco queremos que nos sean comunes los embotellamientos y para no olvidar lo inolvidable, la violencia y los crímenes que asumimos ya como algo que nos es común a todos en cualquier escenario ¿cómo hacer parciales los elementos urbanos? ¿cómo ser público y cómo ser privado?
Los viene-viene, traperos, valedores, o como se decida regionalizarlos, considerados por muchos como una fauna nociva de la ciudad, se han apropiado de manera excelsa de bienes, espacios y servicios de la ciudad para transformarlos en un bien personal-gremial de tipo económico. Con ellos sucede lo que pasa en muchas otras situaciones y que se engloba en el dicho de “nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”;  pues parafraseando “nadie sabe la ciudad que tiene hasta que un trapero le quiere cobrar”. Este es el mismo caso de los ambulantes, los indigentes y los perros. Creo que en cuestión de apropiación de los espacios comunes ellos son los expertos. Les guardo mis respetos y pienso que sería más provechoso pedirles asesoría a ellos antes que a nosotros.
El problema de apropiarse algo es que en cuanto es tuyo, los demás te lo pelean. Además de que cuando ya te apropiaste algo, parecen salir normas de todas partes para restringirte el disfrute de lo apropiado. Hasta para sentarte en ciertas partes hay problemas. Algo similar pasó con los chavos skater de Chapultepec, a quienes la buena ondita terminó corriendo del andador, por ruidosos, porque estropeaban el piso y porque no se ven tan hipsters y desentonan con el resto del paisaje. Ahí no aplica la primacia de la conquista, llegar primero no es la regla para apropiarse un lugar, sino saber defenderlo. Esto es crucial en una ciudad en la que el imaginario de las autoridades se rige por la idea de que puede reubicarlo todo, como si los significados no importaran… pregúntenle si no a los habitantes desalojados de las inmediaciones del parque Morelos, o a los niños-grandes que todavía hoy extrañamos El Planetario. Afortunadamente, para bien de los comunes, todavía hay a quienes nos importan los significados.

Referencias
González, Mariana. “El rechazo a los indígenas en Providencia, reflejo del país”. La Gaceta Universitaria. Sección Sociedad. p. 7. Lunes 3 de noviembre del 2003.
Hiernaux, Daniel. “Los imaginarios urbanos: de la teoría y los aterrizajes en los estudios urbanos”. Revista eure. Santiago de Chile: Vol. XXXIII, Nº 99, agosto de 2007, pp. 17-30.
Mora Martínez, Martín. “Astriolas para vagar a gusto”. https://www.academia.edu/4918937/Astriolas_para_vagar_a_gusto.  Consultado el 12 de noviembre del 2014.
Silva, Armando. http://www.imaginariosurbanos.net/index.php/es/. Consultado el 12 de noviembre del 2014.
Torre, Renée de la. “Guadalajara vista desde la calzada: fronteras culturales e imaginarios urbanos”. Alteridades, no. 8, 1998, pp. 45-55.






[1] Vid. Daniel Hiernaux. Los imaginarios urbanos: de la teoría y los aterrizajes en los estudios urbanos. Revista eure. Santiago de Chile: Vol. XXXIII, Nº 99, agosto de 2007, pp. 17-30.
[2] Armando Silva. http://www.imaginariosurbanos.net/index.php/es/. Consultado el 12 de noviembre del 2014.
[3] Renée de la Torre. “Guadalajara vista desde la calzada: fronteras culturales e imaginarios urbanos”. Alteridades, no. 8, 1998, pp. 45-55.
[4] Mariana González. “El rechazo a los indígenas en Providencia, reflejo del país”. La Gaceta Universitaria. Sección Sociedad. p. 7. Lunes 3 de noviembre del 2003.
[5] Martín Mora Martínez. “Astriolas para vagar a gusto”. https://www.academia.edu/4918937/Astriolas_para_vagar_a_gusto. Consultado el 12 de noviembre del 2014.

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Christian O. Grimaldo es psicólogo social con Maestría en Estudios de la Región, estudiante el Doctorado en Ciencias Sociales en CIESAS e investigador de los imaginarios urbanos.

Las Metáforas de la Guerra en Tiempos de Guerra #AlterPsique

LAS METÁFORAS DE LA GUERRA EN TIEMPOS DE GUERRA
Taller de psicopolíticas de combate
21 y 22 de mayo de 2015. AlterPsique_Primer encuentro independiente de psicología. Querétaro.

Coordina: @chacsol #PsicologíaPop




Hay un desierto instaurado entre nosotr*s, cuyas consecuencias son las múltiples violencias que atentan contra nuestras existencias y hacen parte de la situación actual. El crimen organizado y el estado son solamente las formas más visibles del patriarcado capitalista que domina nuestras relaciones. La articulación de nuestros cuerpos, experiencias y saberes se torna indispensable para hacer frente a esta situación. A partir de las metáforas de la guerra como lenguaje de la acción colectiva, esbozaremos nuestras tácticas de lucha por lo que nos es común.

Misión
Esbozar colectivamente unas psicopolíticas de combate para afrontar la situación (laboral, existencial, disciplinar, afectiva, territorial, etc.) 

Itinerario
Primera sesión (jueves 21 de mayo)
¾     Visibilizar la guerra
Politizar vs. Ideologizar
El disciplinamiento de los cuerpos

¾     Las metáforas de la guerra
El lenguaje como espacio de acción política
Campo de batalla: partir de la situación
El monopolio de la violencia

¾     Deriva psicogeográfica (ejercicio sobre el territorio)
Los poderes y los espacios
Trincheras y guaridas

Segunda sesión (viernes 22 de mayo)
¾     Tácticas y estrategias

¾     Hacer alianzas
Compartir experiencias de combate
Espacios de intersubjetividad: reconocer a lxs otrxs

¾     Esbozo de tácticas para campos comunes: cartografía



Municiones

Comité Invisible (2007). La insurrección que viene. Barcelona: Melusina, 2009.

Comité Invisible (2011). “Propagar la anarquía, vivir el comunismo”. http://www.elestadomental.com/diario/propagar-la-anarquia-vivir-el-comunismo

Debord, Guy (1958). “Teoría de la deriva” http://www.sindominio.net/ash/is0209.htm

De Certeau, Michel (1990). La invención de lo cotidiano. 1 Artes de hacer. Guadalajara: ITESO, 2000.

Fernández Christlieb, Pablo (1991). El Espíritu de la calle. Psicología política de la cultura cotidiana. Barcelona/Querétaro: Anthropos/UAQ, 2003.

Internacional Situacionista (1966). “Sobre la miseria en el medio estudiantil considerada bajo sus aspectos económico, político, psicológico, sexual e intelectual”. http://www.sindominio.net/ash/miseria.htm



Shotter, John (1993). Realidades conversacionales. Buenos Aires: Amorrortu, 2001.

19 de mayo de 2015

El anarquismo: el "patito feo" de las corrientes emancipadoras

Charla/Debate con Carlos Taibo: Actualidad del anarquismo. FL de Barcelona 8 de Mayo 2015.



Casi desde sus inicios, y durante muchísimo tiempo, el anarquismo fue “el patito feo” de las corrientes emancipadoras. Tildado de incoherente, de ineficaz, de iluso, se le miraba por encima del hombro como si fuese una aberración de la historia. Se redactaron sucesivas actas de defunción,pero, como se resistía a desaparecer, se le tapaba la boca diciendo que tan solo representaba un anacrónico residuo histórico.

Sin embargo, resulta que, para sorpresa de muchos, “el patito feo” resistió el paso del tiempo mucho mejor que sus competidores. Tras soportar estoicamente las irónicas descalificaciones que le prodigaban sabias, muy sabias, ideologías, “el patito feo superó la prueba de los acontecimientos históricos, y hoy… pues hoy… está en condiciones de enamorar muchos corazones.

Su gran acierto en exaltar la libertad por encima de lo que lo hiciera cualquier otra orientación explica que seduzca ahora un imaginario contemporáneo legítimamente preocupado por la creciente sofisticación de los dispositivos liberticidas.

Así mismo, su mérito de enfatizar la cuestión del poder, en lugar de relegar ese fenómeno a un rango secundario, como lo hacían otras ideologías, le vale hoy un amplio reconocimiento al quedar claro que las relaciones de dominación desbordan, con mucho, la esfera de la  explotación económica, y anidan en todo el tejido social originando un sinfín de discriminaciones, de marginaciones, y de exclusiones.

Ciertamente, el antiguo “patito feo” sigue sufriendo brutales descalificaciones, pero nadie, nadie, se atreve ya a tildarlo de anacrónico, porque, en el convulso panorama de las actuales corrientes políticas, no es él, precisamente, quien se encuentra en peores condiciones. Al contrario, estáse mostrando, día a día, tanto su viabilidad como su vitalidad.

En la actualidad, su viabilidad como instrumento de lucha es manifiestaAquí está, bien pertrechado para hostigar el sistema, para inspirar luchas radicales, o para fomentar resistencias, y eso, se visibiliza a diario.

También es clara su viabilidad para crear y para gestionar espacios alternativos, formas de vida, maneras de intercambiar y de producir, que materializan algunos de sus valores, y eso, también se visibiliza cada día.

Creo que todo eso está bastante claro. Pero que no se pida al anarquismo que, ademástambién demuestre su viabilidad para gestionar el tipo de sociedad en el que vivimos, porque es obvio que no puede, ni quiere hacerlo. Para ello ya están tanto los adalides del capitalismo, como los social demócratas, o incluso los comunistas, y hasta aquellos y aquellas que partiendo de posturas antagonistas se han dejado deslumbrar por la apuesta electoralista.

Hay que decirlo con toda claridad, el anarquismo no es viablees del todo incompetentepara gestionar el actual modelo de sociedad. Tan solo puede luchar contra sus atropellos, y crear espacios que vayan a contracorriente de sus tendencias.

Dicho esto, también es cierto que no está demostrada su viabilidad para gestionar otro tipo de sociedad radicalmente distinta. Cosa que, obviamente, no es posible demostrar en abstracto, y lo único que se puede afirmar es que no existe ninguna, absolutamente ninguna, razón de principio por la que quepa excluir esa capacidad. Que la tenga, o no, habrá que comprobarlo de la única manera posible, es decir en la práctica.

Tanto más, cuanto que la forma que adoptará una sociedad distinta no está escrita en ningún recetarioni anarquista, ni de cualquier otro tipoHay, sin duda, esquemas generales, y existen bocetos, pero no será él quien diseñara esa sociedad, ni sacará de su chistera una sociedad ya conformada, y lista para su uso. Si esa sociedad acontece algún día, será la gente quien la construirá sobre la marcha, y esta tomará laforma que la gente, en sus luchas, y a través de sus experiencias, le ira dando.

Además, resulta que las perspectivas totalizantes ya no son de recibo. Una sociedad  realmente distinta no será monolítica, no estará forjada según un modelo único, homogéneo, y válido para todas sin excepción. Una sociedad diferente será plural, múltiple, diversa, y el anarquismo tan solo anidará en la parcela de esa sociedad que sea capaz de cultivar.

¡Solo faltaría que se quisiera imponerlo a toda una sociedad, o que se creyese que representa la opción más deseable para todas las personas! Por suerte, esos sueños totalizantes se han extinguido para siempre.

Si bien su viabilidad para las tareas del presente es clara, y si su viabilidad para las tareas del futuro es, cuanto menos, plausible hasta que se demuestre lo contrario, también su vitalidad y su vigencia están ampliamente acreditadas.

En efecto, cuando se observa el escenario político contemporáneo, se puede decir, como lo hace Carlos Taibo, que estamos asistiendo a “un notable reverdecer de las ideas y de las prácticas libertarias”. Se puede decir, como lo hace Rafael Cid, que “la idea anarquista ha polinizado otras culturas y se ha extendido por el planeta”. O también sepuede decir, como es mi caso, que “el anarquismo experimenta actualmente una impresionante expansión en múltiples zonas del mundo”.

Se puede decir de mil maneras. Pero todas coinciden en constatar que se está produciendo un potente resurgir internacional, y ese resurgir constituye un hecho tan palpable, tan manifiesto a lo largo y ancho del planeta, que sería ocioso volver a documentarlo aquí.

Lo percibimos claramente cuando focalizamos nuestra mirada sobre el actual movimiento anarquista, pero al ensancharla, también percibimos que muchos de sus componentes se han diseminado en su exterior, y han impregnado colectivos y personas que no militan en esa orientación, pero quede encuentran, o que reinventan, en las luchas, unas formas políticas que le son cercanas, tanto en cuanto a los métodos de toma de decisión, como en cuanto a las modalidades organizativas y, también, a ciertos aspectos de contenido.

Esa modalidad de “anarquismo extramuros” es la que se ha visibilizado en las enormes manifestaciones altermundistas de principios de los años 2000, o en el movimiento del 15M en sus inicios, o en Okupy Wall Street, o en la Plaza Taksim de Estambul. En todos esos movimientos, que sería muy abusivo etiquetar como anarquistas, afloraban principios anti jerárquicos, prácticas no autoritarias, formas de organización horizontales, pero también el recurso a la acción directa, la hostilidad hacia el ejercicio del poder, y el recelo hacia cualquier tipo de vanguardismo.

Obviamente, ni la expansión del movimiento anarquista, ni la aparición de un anarquismo extramuros, son casuales. Lejos de ser fruto del azar, responden a determinadas causas, y me inclino por pensar que, si sus propuestas han cobrado nueva vitalidad es, sencillamente, porque el anarquismo se presenta, hoy, como aquello que se opone de la forma más clara y más radical a los principales rasgos negativos del sistema vigente. Representa la exacta cara opuesta de sus rasgos más lesivos, tales como la dominación, la explotación, el consumismo, la competitividad, el mercantilismo, el patriarcalismo, etc, etc.

Es porque presenta, por así decirlo,“lo otro del sistema, la antítesis de muchas de sus característicaslas más inaceptables, por lo cual la actual acentuación de esas características en nuestra sociedad la ha convertido en un extraordinario caldo de cultivo para el desarrollo del anarquismo.

De hecho, si examinamos las formas concretas que toma ese potente resurgir, comprobaremos que muchas de ellas representan, efectivamente, la antítesis de aquellos rasgos del sistema que más soliviantan una parte de la sociedad, sobre todo en sus capas más juveniles.

En efecto, ¿Qué observamos al contemplar el actual panorama del activismo anarquista a nivel mundial?

Pues, en primer lugar, que se trata, efectivamente, de un movimiento eminentemente juvenilEs, claramente, en los segmentos más jóvenes de las poblaciones donde este arraiga preferentemente, sea cual sea el país que se quiera considerar.

Un segundo el elemento que llama la atención, es la importante, la importantísima presencia femenina en sus filas. Una fuerte presencia que contribuye, sin duda, a fomentar esa profunda sensibilidad anti patriarcal que lo impregna, y que se muestra especialmente beligerante contra el lenguaje sexista, contra los comportamientos machistas, y contra las manifestaciones, incluso las más tenues, de homofobia, contraponiéndose claramente al modelo patriarcal que conforma nuestra sociedad.

Una tercera constatación es que estamos ante un movimiento que se presenta, no solo como anticapitalista, sino como radicalmente anticapitalista, en la medida enque ensancha la clásica denuncia de la explotación laboral y de la desigualdad económica, para abarcar, también,la mercantilización de nuestra existencia. En esa linea, los actuales colectivos libertarios se manifiestan como claramente anti consumistas, mostrándose beligerantes contra las marcas comerciales, y contra la lógica del consumo impuesta y alentada por el capital.

También podemos observar que esos colectivos retoman un aspecto fundamental de la tradición anarquista, al armarse profundamente anti representacionistas, y al fomentar, en consecuencia, tanto la acción no mediada, es decir, la acción directa, como la horizontalidad de las decisiones y la rotación de las funciones, en un entorno militante marcado por una extrema cautela respecto de todas las formas de delegación de responsabilidad. Eso se contrapone claramente a la representación como única forma instituida de legitimidad política.

Varios de los aspectos que estoy reseñando remiten, de hecho, a la exigencia de imprimir un fuerte carácter prefigurativo a la agenda política del actual activismo, adecuándolas  la antigua y acertada convicción anarquista de que los fines y los medios nunca, nunca son separables, y que, por lo tanto, no se puede alcanzar unos objetivos acordes con los planteamientos anarquistas si se toman unos caminos que los niegan, que los contradicen o que nos alejan de ellos.

Las acciones desarrolladas, y las formas organizativas adoptadas, deben reflejar, ya, en sus propias características, las finalidades perseguidas, deben prefigurarlas”, y esa prefiguración constituye una autentica piedra de toque para enjuiciar su validez.

Lo que construye ese movimiento son unos espacios políticos y culturales radicalmente antagónicos con las normas y con las prácticas del actual sistema social.

En esos espacios, a diferencia de la competitividad a ultranza fomentada por el sistema, la solidaridad suele ser la regla, como dice un conocido lema: “si tocan a una nos tocan a todas”, el apoyo mutuo suele ser la norma, y el modo de funcionamiento anti autoritario y antijerárquico forma parte de su cotidianidad, impregnándola de una clara hostilidad, y de una manifiesta hipersensibilidad, frente a todo ejercicio de poder.

Se trata, además, de un movimiento que rechaza el chantaje de ese pseudo pacifismo que pretende criminalizar ciertos actos de protesta para obligar a que su expresión se mantenga dentro de las precisas formas, y de los estrictos limites dictados por el propio sistema.

Con independencia de las críticas que nos puedan merecer algunas de sus acciones, debemos reconocer que la negativa de una parte de ese movimiento a aceptar esos limites le ha permitido romper, sin violencia contra las personas, el muro del silencio mediático que condena a la inexistencia pública la mayor parte de las movilizaciones, y de los actos de protesta.

Otra característica notable es, comono podía ser de otra forma, la fuerte sensibilidad ecologista que anida en esos colectivos, y que se contrapone a ese desarrollismo de carácter insostenible alentado por el sistema.

Pero, si dejamos de observar, en su detalle, como lo estoy haciendo hasta aquí, las características concretas del actual movimiento, para contemplarlo en un plano más general, es fácil percibir entonces que uno de sus rasgos más definitorios es su marcado, su acentuado, presentismo.

Acudo al término presentismo" porque el deseo, el fuerte deseode revolución que impulsa desde siempre la actuación nanarquista, ya no sitúa la revolución en un futuro más o menos lejano, ya no la concibe como un evento que nos espera al final delcamino recorrido por las luchas, y que abre el horizonte hacia una sociedad emancipada.

El valor estimulante e incitador que revestía la insurrección generalizada en el imaginario clásico, con todas sus connotaciones milenaristas, queda sustituido en el actual imaginario radical por la atracción hacia la revolución continua e inmediataEs decir, por la consideración de la revolución, no como algo que está por acontecer, sino como una dimensión que es constitutiva de la propia acción subversiva, y que se produce en el seno mismo de las luchas actuales, y de las formas de vida que esas luchas suscitan.

La revolución se concibe hoy como algo que se encuentra anclado en el presente, y que no sólo se desea y se sueña como acontecimiento futuro, sino que es efectivamente vivida en la cotidianidad de las luchas. Lo revolucionario ya no consiste tanto en avanzar hacia un hipotético horizonte emancipador, sino que radica en la voluntad de romper unos dispositivos de dominación concretos y situados, consiste en el esfuerzo por bloquear el poder en sus múltiples manifestaciones, y se plasma en la acción por crear, aquí y ahora, espacios que sean radicalmente ajenos a los valores del sistema, y a los modos de vida inducidos por el capitalismo.

Eso significa que el anarquismo no sólo debe ofrecer razones y medios para luchar, para oponerse y para enfrentarse, sino que también debe ofrecer razones y alicientes para vivirde otro modo, detectando y dilatando intersticios donde hacer prosperar espacios de libertad y de igualdad. No para “reformar” el sistema, sino para “disolverlo” por placas, creando focos de resistencias y de ofensivas desde donde poder desafiarlo y hostigarlo permanentemente.

Ahora bien, el acento puesto sobre el presente no quita que la actividad de esos colectivos siga teniendo claras finalidades revolucionarias de carácter global. En efecto, se trata, ahora como antes, de luchar contra el sistema, de socavar sus fundamentos, de movilizarse, de enfrentarse a los desahucios, a las movidas fascistas o racistas, a los cierres de empresas, a los recortes, se trata de participar en todos los movimientos de protesta y de fomentar su radicalización.

Todo eso forma parte de las municiones que usan los actuales colectivos para colapsar el sistema, pero sin descuidar, en ningún momento, la necesidad de construir la revolución en el presente, y de anclarla en la actualidad. Se hace buena de esa forma la ya antigua, pero no por ello menos acertada, afirmación de Gustav Landauer cuando declaraba que la anarquía no es una cuestión del futuro sino del presente.

Obviamente, los nuevos colectivos libertarios no tienen por qué presentar todas las características que he mencionado. Sin embargo, allí donde nace uno de esos colectivos, esas características, o bien aparecen de inmediato, en todo o en parte, o bien no tardan mucho tiempo en hacerlo.

El hecho de que, de forma aparentemente “espontánea” e “inconexa”, sin directrices, ni planificación, ni consignas, esos colectivos presenten finalmente tantos rasgos comunes, indica probablemente que son las actuales condiciones de vida, y los actuales dispositivos de dominación, los que suscitan, por reacción, su aparición.

Ya lo he dicho antes, es obvio que el actual resurgir del anarquismo no es casual, como tampoco es casual la forma que toma ese resurgir. Sin duda, los factores involucrados en ese acontecer son múltiples, y, ciertamente, como también lo mencionaba, un elemento decisivo reside en la exacta contraposición entre sus propias características y los rasgos más lesivos del sistema.

Aún así, destacaré dos factores que desempeñan un importante papel en ese resurgir.

El primero, que es de tipo socio técnico, y que consiste en la expansión de las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación, merecería un desarrollo extenso, pero me limitaré aquí a recordar que, al lado de sus innegables efectos liberticidas, esas tecnologías posibilitan una serie de fenómenos sociales que prescinden de estructuras jerarquizadas, y que favorecen los procesos de auto organización.

Así mismo, esas tecnologías han propiciado una comunicación instantánea y fluida de “todas hacia todas”en grupos reducidos o en extensas redes, que facilita notablemente la realización de actividades conjuntas, especialmente en pequeños grupos, dotando de una amplísima autonomía tanto sus decisiones como sus acciones.

El segundo factor remite a una de las características más llamativa de los tiempos presentes, como es la expansiva y continua proliferación de los dispositivos de poder por todo el tejido social. Una característica que, lamentablemente, solo puede ir acentuándose con el paso del tiempo, si no conseguimos torcer el rumbo del sistema.

En efecto, salta a la vista que el poder opera en la sociedad contemporánea con una precisión quirúrgica, cada vez más fina, accediendo a los más ínfimos detalles de nuestra existencia, al tiempo que incrementa, que multiplica, los ámbitos en los que interviene, y al tiempo que diversifica sus procedimientos de intervención. Y todo ello simultáneamente.

No resulta pues nada sorprendente que la toma de conciencia política se origine, cada vez más, en la experiencia del control ejercido sobre nuestra vida cotidiana, y en la percepción de que es nuestra existencia entera la que se encuentra atrapada en las multifacéticas redes del poder.

Se entiende por lo tanto perfectamente que, en la actualidad, la hostilidad frente al poder, y el deseo de combatirlo, se amplifiquen considerablemente en algunos sectores de la población, creando un caldo de cultivo que se revelae specialmente fértil para el desarrollo del anarquismo.

En efecto, si partimos de que esa orientación consiste, fundamentalmente, en una voluntad de crítica, de confrontación y de subversión de los dispositivos de dominación en todos los campos, parece lógico que su importancia política, y su actualidad,vayan creciendo a medida que aumenta la importancia y la sofisticación de las relaciones de poder en la vida cotidiana, y en el conjunto de la sociedad.

Bien, volviendo ahora a las características del actual movimiento anarquista, es obvio que ese movimiento es variopinto y que se presenta como un conjunto inconexo, fragmentado, polimorfo, inestable, y fluido.

Podemos celebrarlo o lamentarlo, pero está claro que esa fragmentación,y esa inestable fluidez se corresponden bastante bien, encajan bastante bien, con las características de la realidad en la que este se inserta, y con la naturaleza de los dispositivos de poder a los que se enfrenta. Y es, precisamente, porque encaja en la realidad actual, y porque lucha contra las formas que adopta la dominación en el periodo actual, por lo cual el actual movimiento anarquista arraiga y seexpande como lo está haciendo.

Las redes que surgen de forma autónoma, quese autoorganizan, que se hacen y se deshacen en función de las exigencias del momento, constituyen probablemente la forma organizativa que prevalecerá en el futuro, y que ya muestra su eficacia en el momento actual.

Está claro que los elementos que empiezan a vertebrar nuestro entorno también posibilitan una nueva organización de los espacios de la disidencia, y todo indica que la realidad actual, que se está volviendo, literalmente, movediza y liquida”, exige modelos organizativos mucho más flexibles, más fluidos, orientados por simples propósitos de coordinación para realizar tareas concretas y específicas.

La tentación de romper esa fluidez que dibuja una modalidad organizativa reticular y viralconduciría, muy probablemente, el movimiento anarquista hacia una nueva eclipse.

Entiendo perfectamente que ese carácter variopinto y fragmentado pueda crear cierto desasosiego, entre quienes achacan a esa dispersión ya esa fragmentación la dificultad para dotar el anarquismo con una mayor capacidad de incidencia.

Desde hace algún tiempo la exigencia de un “anarquismo organizado” está siendo sistemáticamente propagada en los medios libertarios. Sin embargo, no existe en realidad un anarquismo organizado, por un lado, y otro, que no lo sea, por otro lado. Es obvio que siempre hay que organizarse, y que el desarrollo de cualquier actividad colectiva lo exige, aunque sólo sea para realizar un debate.

Por lo tanto, la cuestión no es si hay que organizarse o no, la cuestión es ¿cómo organizarse? Y la respuesta es que, para saber cómo organizarnos, hay que saber ¿para qué nos queremos organizar? Eso es lo que condiciona y lo que determina la forma organizativa que conviene adoptar.

Frente al modelo tradicional, basado en amplias perspectivas estratégicas, que pugna por construir organizaciones tan grandes, tan duraderas, y tan potentes como sea posible, afin de sostener enfrentamientos globales, y aguantar prolongadas guerras de trincheras, el nuevo imaginario sustituye los planteamientos estratégicos por perspectivas simplementetácticasy se decanta más bien por la fluidez de una guerra de guerrillas, donde las pesadas y grandes organizaciones constituyen generalmente un lastre en lugar de una ayuda.

Aunque pienso que el modelo tradicional encaja bastante mal con las actuales condiciones sociales, y, peor aún, con las que nos deparará el inmediato futuro, es cierto que ambas modalidades presentan, cada una de ellas, luces y sombras.

De hecho, mi convencimiento es que la cuestión de la organización debe ser repensada y resignificada, al estilo de lo que ha ocurrido con el concepto de revolución. No para propugnar la ausencia, o la inutilidad, de la organización, ya lo he dicho, sino para renovar su concepto, sus formas y sus prácticas.

Ahora bien, si queremos avanzar en esa tarea, y explorar cual es la forma de organización más adecuada al momento actual de las luchas, y a las características del terreno en el que estas se insertan, hay que dejar de alimentar la engañosa ilusión de que las dificultades que padecen las luchas actuales se deben, principalmente, a la ausencia de una gran organización libertaria, y que esas dificultades desaparecerán tan pronto como esa organización vea la luz.


Me quedaría mucho más tranquilo si los esfuerzos de quienes anhelan una gran organización anarquista se dirigiesen a desarrollarla, a construirla, ganando nuevos espacios y nueva militancia, en lugar de echar mano de lo ya existente, del anarquismo actualmente activo, para reestructurarlo, con el posible riesgo de entorpecer, o incluso de destruir, ese anarquismo que ha proliferado sin necesitar para nada una fuerte organización al estilo clásico.

He dedicado, quizás, un tiempo excesivo ala cuestión de la organización, pero es que ese tema, que va acompañado, a veces, de la exhortación a potenciar un poder popular, y aempoderar el pueblo, me hace temer que volvamos acaer en viejos errores que la efervescente explosión libertaria de los años sesenta parecía haber ayudado a superar.

Así que ahí lo dejo, y, ya para ir concluyendo, quisiera centrarme durante unos pocos minutos sobre esa idea de que “el anarquismo es movimiento”, y quiero hacerlo porque otra de las razones de su actual resurgir esque, a diferencia de otras corrientes, este ha sabido renovarse, por lo menos en parte.

En la medida en que el tejido social es un objeto “sociohistórico”, lo lógico es que éste cambie, que se mueva, y que se vayan dibujando, por lo tanto, nuevas condiciones, nuevos escenarios, que exigen, a su vez, nuevas maneras de afrontarlos.

La sociedad se mueve, eso es incuestionable, y ese mismo movimiento hace que los elementos que la componen tengan que moverse a su vez para no quedar desfasados, y para no perder toda su vigencia, hasta convertirse finalmente en meros objetos de museo.

El anarquismo no deroga, en absoluto, a esa regla, él también “debe moverse” si pretende seguir desempeñando un papel que no sea, simplemente, el de ocupar un lugar en el venerable baúl de los recuerdos. La disyuntiva entre cambiar, o bien periclitar, es propia de todos los objetos sociales, incluido el anarquismo.

Sin embargo, en sucaso hay un factor añadido que torna aun más acucian esa exigencia de transformación,y es que, por razones de principioy no por el solo hecho de ser un fenómenosocial, el anarquismo se halla en la estricta imposibilidad de no ser cambiante, lo repito: la estricta imposibilidad de no ser cambiante.

Intentaré dar cuenta, muy rápidamente, de las razones de esa imposibilidad.

Está claro que, en tanto que se trata de elaboraciones intelectivas, las ideasuna vez que han sido articuladas y enunciadas pueden permanecer para siempre, almacenadas en el patrimonio cultural de la humanidad bajo la forma misma en la que fueron formuladas, aunque pueda variar su lectura.

Sin embargo, la acción, las prácticasrequieren un determinado contexto donde poder desplegarse. Se sitúan en el terreno de lo concreto, y el lugar en el que se plasman es en el seno del tejido social realmente existente. Un tejido social que, repito, es necesariamente cambiante en el transcurso del tiempo histórico.

Si nos fijamos, resulta, pues, que las ideas pueden, eventualmente, permanecer en su expresión original, pero que, por su parte, la acción está compelida a cambiar cuando cambia el medio concreto en el que esta se inserta.

Se trata de un principio general que resulta bastante fácil de entender, pero, ¿que pasa cuando la idea y la acción se fusionan en un todo indisoluble, en un todo indesligable? ¿Qué ocurre cuando la idea tiene tanto un origen como un valor práctico, cuando la idea nace de la acción y revierte sobre la acción, realizando esa peculiar simbiosis entre teoría y practica que es propia y distintiva del anarquismo, como lo proclamaron con insistencia tanto Proudhon como Bakunin, entre otros?

Pues, sencillamente, lo que ocurre cuando acontece esa fusión, es que la idea ya no puede permanecer inmóvil, fija y estática, porque una parte de lo que la constituye, es decir, una parte de ella misma, (que no es otra que la práctica) cambia necesariamente.

Eso significa, simplemente, pero inevitablemente, que el anarquismo es intrínsecamente cambianteque se mueve porque el movimiento está inscrito en su propia forma de ser, y eso es así a partir del instante en que esa forma de ser se configura en base a la fusión, a la simbiosis, entre la idea y la acción.

Una de las consecuencias que se desprenden de ese hecho es que, por lo tanto, no se puede inmovilizar el anarquismo sin destruirlo.

Y, otra consecuencia es que no puede haber anarquismo que sea  puramente contemplativo o teórico. Éste debe estar, necesariamente, inmerso en las prácticas que lo configuran, y que no son otras, en buena medida, que las que se desarrollan en las luchas contra la dominación.

Si el anarquismo no cambia, entonces se extingue, porque al no cambiar también deja de poder luchar contra unos dispositivos de dominación que al ser, ellos mismos, históricamente cambiantes exigen que cambie aquello que les resiste. y que se les opone.

No nos engañemos, la única posibilidad demantenerlo inmutable, fijo e inalterado, consistiría en escindir la idea y la acciónen apartarlo de las cambiantes luchas contra la dominación. Pero entonces, también se le apartaría de su propia razón de ser, y, por lo tanto, dejaría de ser anarquismo.

Esa es la insalvable aporía de la inmutabilidad del anarquismo, y esa es la tremenda contradicción en la que caen quienes se esfuerzan por mantenerlo inalterado.

Quisiera concluir ahora en un tono más mesurado que el que he mantenido hasta aquí.

En primer lugar, cuidado, relativicemos, no estoy del todo loco ni estoy delirando. Cuando hablo de un “potente resurgir”, tan solo lo hago en referencia a la pésima situación del anarquismo en épocas recientes, pero, obviamente, no se pueden echar las campanas al vuelo, ese resurgir solo se manifiesta en una parte totalmente insignificante de una población que pesa muy poco al lado de los más de 7 000 millones de seres humanos que habitamos el planeta.

En segundo lugar, contra la tentación de glosar en exceso las virtudes del anarquismo me gustaría retomar aquí, muy rápidamente, lo que ya escribí hace tiempo.

Decía entonces:

“Debemos admitir que nada resulta más sencillo que cuestionar la coherencia racional del anarquismo y evidenciar sus deficiencias.

Ahora bien, preguntaba,  ¿Eso nos debería entristecer?, y contestaba:

¡Sí!, ¡Claro!, Sin ninguna duda, eso nos debería entristecer… si participamos de esa voluntad de poder que se oculta en el deseo de disponer de un sistema de pensamiento sin fallos, garantizado contra toda critica, acerado como una espada dialéctica, y robusto como un escudo que nos preservaría de cualquier incertidumbre.

¡No!, ¡Por supuesto! no nos debería entristecer lo más mínimo, si admitimosde una vez por todas, que el anarquismo es borroso, inseguro, siempre provisional, tensado por contradicciones más o menos obvias, mudo sobre un conjunto de cuestiones importantes, plagado de afirmaciones erróneas, anclado en gran número de esquemas trasnochados, impregnado de toda la fragilidad y de toda la riquezas e lo que no pretende sobrepasar la simple finitud humana.

Reconocer la extrema fragilidad del anarquismo es demostrar quizá una mayor sensibilidad anarquista que empeñarse en negarla o que admitirla a regañadientes. Es, precisamente, porque es imperfecto por lo que el anarquismo se sitúa a la altura de lo que pretende ser. Pero alegrarse de su fragilidad no conlleva, en absoluto, una invitación a la mera complacencia. El anarquismo no se situaría tampoco a la altura de lo que pretende ser, si no dirigiese hacia sí mismo la más implacable y la más irreverente de las miradas críticas, una mirada crítica que resulta del todo indispensable para propiciar su necesaria transformación.

Compañeras y compañeros, ciertamente, el anarquismo es intrínsecamente cambiante, pero, no lo dudéis, la única formade que no obstaculicemos su transformación consiste en cultivar y en ejercer esa implacable mirada crítica.

En ello radica la imprescindible condición para que se siga manteniendo la actualidad del anarquismo, o, lo que es lo mismo, su vigencia en la actualidad, y para que el patito feo” siga sembrando rebeldías.

Audio de la charla/debate
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Tomás Ibáñez nació en Zaragoza (España) en 1944. Vivió en Francia desde 1947 hasta 1973, donde estudió Psicología y participó activamente en el movimiento libertario francés y en la lucha antifranquista (FIJL). Participante activo del «Mayo del 68». Catedrático de Psicología Social en el Departament de Psicologia Social de la Universitat Autònoma de Barcelona, hasta su jubilación en el año 2007. Entre otras obras, es autor de "Poder y Libertad" (Barcelona: Hora, 1982), "Municiones para disidentes: realidad, verdad, política" (Barcelona: Gedisa, 2001), "Contra la dominación. variaciones sobre la salvaje exigencia de libertad... entre Castoriadis, Foucault, Rorty y Serres" (Barcelona: Gedisa, 2005) y "Por qué A: fragmentos dispersos para un anarquismo sin dogmas" (Rubí: Anthropos, 2006)